Método finlandés plantea la cura de la esquizofrenia sin medicación
El psicólogo Jacob Seikkula estuvo en Uruguay y
presentó el tratamiento; el MSP y la Sociedad de Psiquiatría consideran que
vale la pena conocerlo.
1 de abril de 2019
Por Ana Matyszczyk
“Hemos
demostrado con trabajos sumamente serios que la esquizofrenia se cura por
completo”, disparó el finlandés Jacob Seikkula en una entrevista
para El
Observador, uno de los creadores de la innovadora terapia de
Diálogo Abierto, caracterizada por evitar la hospitalización y recurrir a un
escaso –e incluso nulo- uso de psicofármacos para
tratar los delirios.
Psicólogo y profesor de psicoterapia en la Universidad de
Jyväskylä, el pasado lunes visitó Uruguay para exponer los resultados de este
abordaje, respaldado en más de 150 publicaciones científicas y 12 libros que el
finlandés escribió para difundir la práctica alrededor del mundo. En la
actualidad, el método se aplica en 18 países.
Ana Matyszczyk El profesor Jacob Seikkula en la conferencia sobre la
terapia Diálogo Abierto en la facultad de Psicología
La conferencia fue auspiciada por el Programa de Salud Mental del
Ministerio de Salud Pública. Su director, Ariel Montalbán, dijo a El Observador que el Poder Ejecutivo tiene interés
en interiorizarse con el tratamiento. “Es una línea que tiene una evidencia
científica sólida. La idea es conocerlo y promocionarlo lo más que se pueda”,
apuntó.
La Sociedad de Psiquiatría del Uruguay también apoyó el
encuentro, entre un puñado de instituciones y clínicas vinculadas a la salud
mental. “Es interesante. Tiene un modelo de trabajo particular y una
formulación científica sólida. Creemos que vale la pena conocerla”, coincidió
su presidente, Rafael Sibils.
La Clínica Psiquiátrica de la Facultad de Medicina, en cambio,
prefirió no embanderarse con el evento. “No participamos porque no conocemos la
propuesta en profundidad. Igualmente, difundimos la actividad entre
profesores”, alegó la catedrática grado 5, Sandra Romano.
Con el aula magna de la Facultad de Psicología llena, el finlandés
argumentó en voz alta que la esquizofrenia se cura. Y aseguró que
esa mejoría se consigue sin usar medicación ni hospitalizaciones, un
concepto rupturista para estas latitudes.
Los
resultados
Desde mediados de los 80, el Diálogo Abierto se aplica como propuesta del
primer nivel de atención en el sistema de salud de Laponia Occidental, una
provincia al norte de Finlandia. Allí, ocho de cada 10 pacientes con psicosis
dejan de manifestar síntomas delirantes a cinco años de iniciada la terapia y
consiguen, además, integrarse a la vida con total normalidad: trabajan ocho
horas y estudian carreras universitarias sin inconvenientes.
Únicamente un 20% de los psicóticos que residen en esa región de Finlandia
recibe pensión por discapacidad. Y lo más llamativo es que casi 7 de cada
10 pacientes (66%) no son medicados en el proceso terapéutico, aseguró
Seikkula. Solo 3 de cada 10 usuarios mantiene antipsicóticos después de 20
años, aunque en dosis mínimas y de compuestos químicos leves. Números que hasta
ahora, planteó el profesor, las terapias farmacológicas convencionales no
han conseguido alcanzar.
¿Qué es
el Diálogo Abierto?
La clave del tratamiento consiste en no internar a la persona cuando sufre
el brote psicótico. Trasladar, en cambio, el dispositivo asistencial hasta
donde se encuentra el individuo que,
generalmente, es su casa. Únicamente plantean la hospitalización -por algunos
días- cuando hay amenazas suicidas fuertes.
Ese dispositivo es un grupo de profesionales que evita el uso
automático de la medicación. Han comprobado, incluso, que el uso prolongado de
psicofármacos daña el funcionamiento cerebral, entorpece la evolución de la
persona y aumenta los índices de mortalidad.
El grupo está conformado por psiquiatras, psicólogos, enfermeros
y un técnico especializado en alguna deficiencia que tenga el paciente, por lo
que no todos los equipos son necesariamente iguales. En conjunto y con igualdad
de jerarquías entre las partes se propone, entonces, iniciar un diálogo abierto
y personalizado.
Cuando se reúnen ningún técnico viste túnicas blancas ni lleva recetas que hayan funcionado con otros pacientes. Trabajan abiertos a la espontaneidad. Hablan de forma horizontal con el usuario y su familia. Los parientes, por su parte, cumplen un rol protagónico en cada encuentro. Sin ellos no hay terapia. Y de esas conversaciones, genuinas y sostenidas en el tiempo, se construye un espacio que sana, asegura el psicólogo.
Está comprobado, dijo el profesor, que lo que dice un paciente
mientras trascurre el quiebre psíquico es fundamental para comprender por qué
la persona recurrió al delirio en ese momento de su vida. Por eso este método
intenta integrar el síntoma al diálogo en lugar de borrarlo de la escena.
“La evidencia dice que si no le damos al paciente la chance de
hablar en el momento del brote psicótico, él no volverá a ese sitio en el
futuro para expresar lo que sintió en ese momento. Necesitamos centrarnos en
estos detalles para comprender la vida de la persona”, apuntó el finlandés.
El profesor explicó que la actividad mental psicótica no se puede
reducir únicamente a una falla del cerebro. Dijo que cualquier persona puede
caer en un brote psicótico en algún momento de su vida, si está expuesta a
situaciones radicales y de estrés extremo, y no se trata a tiempo. No hay
diferencias sustanciales, sostuvo, entre las personas que sufren trastornos
psiquiátricos y las que no.
“Los síntomas psicóticos son estrategias que el paciente usa para
sobrevivir a situaciones difíciles, es un recurso que puede aparecer si el
sufrimiento es elevado”, detalló Seikkula y enfatizó: “Esto no quiere decir que
el cerebro no sea importante. Es sustancial. Y somos muy afortunados de poderlo
estudiar al detalle. Pero es sólo una parte
del asunto. Y nosotros debemos comprenderlo todo”.
El finlandés contó que el método que él aplica en Laponia
Occidental no se usa en el resto de Finlandia, porque todavía hay resistencia a
creer en un tratamiento tan vanguardista. Incluso, muchos médicos tildaron sus
investigaciones de fraude, por considerar que solo había trabajado con
pacientes leves. A cada acusación, dijo Seikkula, él respondió con un nuevo
estudio científico que volvía a avalar su tesis, con nuevos pacientes y en
épocas distintas.
“Desconfían porque los resultados son muy buenos. Creen que no
pueden ser verdad. Pero afortunadamente, está más que demostrado que, además de
buenos, son serios y reales”, apuntó el finlandés.
Desde una posición conciliadora, el profesor argumentó que la investigación psiquiátrica se basa en métodos empíricos que no dan lugar a la incertidumbre. Para cada síntoma hay un fármaco que causa determinada reacción en el cerebro. Cambiar el foco y volcarse a la vida del paciente, en lugar de al cerebro, dijo, es el verdadero cambio de paradigma. “Es un desafío que alcanzaremos con educación y diálogo”, sostuvo el finlandés y fue ovacionado por el público que lo acompañó en la presentación.












